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Con la lechuga en la cabeza

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Quiero alejarme de la calle. Es lo único en lo que puedo pensar ahora mismo. Quisiera relajar mis sentidos, volverme de nuevo dócil, como lo era hace dos días, fumando de mi cigarro y contemplando a un dominado Mayweather. Quisiera decir que las circunstancias no me afectan tanto como para abandonar las responsabilidades que yo mismo he impuesto a mi vida. Que esa página diaria podría seguir siendo escrita día sí día también, y que algún día mi libro soñado, pozo de mis deseos más íntimos, será quien de abarrotar las librerías que hoy en día bien podrían ser el objetivo de una de esas protestas de greenpeace de las que pretenden salvar una especie en extinción más de las garras de la ignorancia.

Quisiera decir todo eso, pero no. Veo como hoy día esas garras de la ignorancia nos obligan a contemplar periódicos empapelando suelo bajo obras, pisados por personas que se ven sostenidas por el mismo sistema social que los ha llevado a reclamar trabajos por debajo de sus méritos. Ignorancia que nos lleva a creer en individuos “hechos a sí mismos”, cuya ambición maquiavélica los ha llevado a tornarse el objetivo de perros falderos que solo buscan el cobijo de una sombra alimentada de moneda. Esa anestesia social que se ha convertido ya en la propia sociedad, donde todos a una, sí, pero hacia nuestra perdición. Una persona se coloca una lechuga en la cabeza, y una persona le dice que es idiota. A ojos del mundo pueden parecer muchas cosas, pero nos han enseñado a responder de forma admisible. Lo extraño es extraño, por lo tanto es motivo de suspicacia. Lo extraño se aparta de mis aspiraciones, por lo tanto no interesa. Debe ocurrir lo apropiado: a la persona que insulta se le suman aquellos que hayan aprendido la lección, la lechuga en la cabeza pasa a ser motivo de mofa, y ya está. Puede ocurrir una segunda opción, una que proviene de una nueva lección. “Lo que piensas te hace diferente, adquiere una lechuga porque te sientes excluido. En la lechuga están las respuestas.” Demagogia, dirán algunos, es antiespañol, dirán otros, un sociópata, pensarán los demás. Pero, sinceramente, en un mundo en que tratamos como ser especial e individual a aquel con un aparato de setecientos euros grabado con una fruta mordida, el día en que empecemos a llevar dichas frutas u hortalizas en la cabeza no me parece tan lejano. Hable como hable esto de mi personalidad.

Alguien dice, alguien sigue, se establece la ruta. Nos han dado tanta información que es imposible no tratar de seguir el camino. Son tantos los lugares donde hallar respuestas, tantas personas hablando a la vez, comunicándose directamente conmigo. Es imposible que el mundo no sepa lo que quiero, imposible. Un nuevo ser humano nace, y el motivo promocional hilado en la bata del médico le da la bienvenida. Aprende a llorar mientras su madre publica la foto de su nacimiento en cinco redes sociales de forma simultánea. Todo lo que ha sido creado se convierte en su punto de partida, lo establecido es donde posa los pies. Se hace una pregunta el niño, y son tantas las respuestas que surgen a raíz de ella, que sabe que debe tomar una decisión ya, en ese mismo instante, sin demora posible. El ciclo sin fin. ¿Quién lo empezó? No lo sabemos. Puede que un hombre de cro-magnon, en un alarde de sabiduría revolucionaria, hubiera decidido apartar de la tribu a aquel homínido de rostro simiesco (como todos) que se jactaba en lanzarse de cabeza hacia las rocas del río. Y también puede que nos encontremos con un grave problema con respecto a nuestra conciencia colectiva. Y es que rehuyamos a aquellos que se han arriesgado y han fracasado, solo para darnos a todos una lección común. Nos hemos olvidado de la cultura de los que un día lucharon por otorgarnos todo lo que tenemos hoy en día, y nos reímos, brindando con nuestra copa de vino al alza, mientras pensamos en la última nota que ha sacado nuestro hijo el pequeño. Olvidando que existen profesores que también son personas, y que las personas se desmotivan. Olvidando lo fácil que resulta copiar en una clase de cuarenta y cinco niños. Olvidando que, un día no muy lejano, los escaparates de las papelerías serán únicamente ocupados por libros de texto que endulcen la guerra civil, y la única cultura accesible se venderá en formato 16:9, expendida por personas que no aportan más opinión que chillidos inconclusos. Olvidando que, un día, ellos fueron los chicos con la lechuga en la cabeza, y que todo lo malo de esa vida los ha llevado a brindar con el vino que hoy degustan.

Quisiera haber escrito sobre musgo y dragones, puentes y hadas. Quisiera poder ubicar esta retahíla en un lugar de opinión, pero soy un mero escritor enfadado. Quisiera decir que este vómito rabioso puede ser considerado un relato. Y lo digo, porque lo es, es el relato de la vida de alguien que, ahora mismo, duda.

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Pedazos de mi diario

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Un día de hace mucho, mucho tiempo…

Mi gato no para de maullar, creo que nota que estoy triste y es que hoy he tenido uno de los peores días de mi vida.

Yo que siempre había creído que eras el hombre de mi vida, y ahora me dices que tienes amigas, que estás bien así que me tienes mucho cariño y que te acuerdas hasta del día de mi cumpleaños pero que ya no sientes lo mismo por mí. Y todos los planes que habíamos hecho, que tendríamos un perro, que siempre estaríamos juntos, que no habría otra como yo….Las veces que te he defendido delante de mis padres, haciéndoles entender que ya no soy una niña, que nuestro amor es verdadero, que no es un capricho.

Te he dedicado un montón de páginas de mi diario, ¿te acuerdas de cuando me pintaste aquel graffiti con mi nombre en la pared en el parque de los enamorados? Siempre evitaba pasar por allí porque me daba vergüenza, el otro día pasé y ya lo habían tapado, fue cuando me di cuenta de lo que me gustaba en realidad.

¿Y todos los bancos y árboles donde grabamos nuestras iniciales?

Cada vez que paso encuentro una excusa para sentarme y asegurarme de que el tiempo no los ha borrado, aunque ahora que lo pienso no ha pasado tanto. Y mientras estoy allí sentada recuerdo la última conversación que tuvimos juntos en cada banco, todo lo que nos llegamos a reír y los besos que nos dimos.

Cuando me presentaste a tus padres, que vergüenza, aún cuando paso por delante de la tienda de tu madre, me escondo para que no me vea. En cada parque un recuerdo, nos han pasado tantas cosas…es que ha sido mucho tiempo, exactamente un año y un día.

Ahora llevo dos días metida en mi habitación, poniéndome música triste para desahogarme sobretodo nuestra canción y es que nadie entiende lo mal que lo estoy pasando.

Apenas como, solo cuando mi madre me avisa de que la mesa está puesta porque me duele mucho la barriga de hambre y necesito seguir viva para seguir sufriendo por ti. De lo contrario no comería, en realidad no me apetece. No es como si no pasara nada, estoy muy triste. Tampoco duermo mucho, solo lo justo cuando ya no puedo más y porque tengo que ir al instituto al día siguiente y tanto llorar me deja exhausta. Si no, no dormiría nada.

He perdido a la persona de mi vida, por una discusión absurda. Ahora creo que me enfadé demasiado y no paro de pensar en que cuando te pusiste de rodillas en medio de la calle para que no te dejara debí hacerte caso.Y para colmo mis padres se comportan como si no pasara nada y eso me duele más porque no me entienden.

El día que te tomaste unas cuantas tabletas de valerianas para intentar suicidarte me diste un susto de muerte. Menos mal que mi madre me dijo riéndose que dormirías de puta madre y me di cuenta de que no te pasaría nada.

Te echo mucho de menos, no voy a poder vivir sin ti. Mi vida ya no tiene sentido. Creo que me moriré queriéndote, si es que no lo hago ahora de pena.

Después de algún que otro día…

Hoy es el mejor día de mi vida, he conocido a Alberto es mi alma gemela, estoy segura…

El Baile

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Porque pretendía, en definitiva, utilizar el sexo como medio para encontrar lo que todo el mundo busca: reconocimiento, placer y, en definitiva, amor y cariño.
¿Qué hay de patológico en eso?
Así es como se sentía ahora, buscando el cariño repentino de cualquiera que pasase por su lado le envíe una sonrisa y sea correspondida, en definitiva cualquiera que le diese 5 minutos de pequeña gloria que la haga sentir que es la única del baile y por supuesto que la está haciendo sentir como nunca se ha sentido.
Lo llamaba rápida complicidad, sentirse especial una vez de tiempo en tiempo te hace poder sonreír unos minutos mas de su pequeña vida.
Algún día quizá encontrará esa sonrisa complaciente para mas tiempo del normal pero ahora cuando eso ocurría se sentía especial.

Caricias

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Se miró al espejo e intentó recordar todas las caricias que habían habitado en su cuerpo. Pero no pudo. Por más que hurgara en los rincones de su desnudez, sabía de lleno que si no eran sus manos, ningún roce tenía valor en este mundo. Como si antes y después de él, no existiera nada más que su cuerpo blando y vacío hasta un infinito impronunciable, carente de valor para otros cuerpos e inerte para sí mismo.

Y si simplemente fuese ella…

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“¡Curiosa la semejanza de la vida con un tablero de ajedrez!” pensó ella tras aplastar un cigarrillo contra un cenicero.
Nunca se le habían dado bien los juegos de mesa…ella se veía demasiado torpe y es por ello que volcó su creatividad hacia otros campos.
Es por ello que decidió empezar a hacer puzzles, pero era tan desastre que siempre perdía alguna pieza y no los terminaba.
Entonces, ella buscando algo que le sirviera para evadirse, comenzó a escribir. Aun recordaba con cariño su primer relato sobre un perro…tendría aproximadamente unos siete años.
Que curioso, aún no recuerdo el momento en el que la vida llegó, me golpeó y esparció todas sus cosas por mi mente”.
Suspiró. En las últimas horas todo lo que ella tenía planeado había dado un giro radical. Se sentía humillada, engañada, estafada y que su malogrado tiempo libre había sido desperdiciado haciendo tantos castillos en el aire.
Ella se había dejado engatusar, hechizarse…sin embargo, en un último giro inesperado de los acontecimientos…todo se había esfumado. Atrás quedaron los días de nervios y de ilusiones. Al igual que los miles de planes que ella había hecho en su cabeza.
En esas ilusiones ella se veía riendo y pasándolo bien…es lo que tenía dormir poco y ser tan soñadora.
Después de no se cuantas horas lamentándose y miles de cigarrillos fumados pensó en el alfil que se había comido a su caballo y que ello no quería decir que todo estuviese acabado, no. Lo que significaba era que su próximo movimiento debería ser más astuto y ella más paciente. Y por primera vez en todo el día consiguió reír, mirarse al espejo y pensar que era un hermoso regalo…con un envoltorio feo, que no iba acorde con el contenido, pero ninguna de esas cosas quería decir que todo estuviese acabado. Sólo que tendría que pensar mejor su próximo movimiento y no ser tan impulsiva.
¡Jugemos! y esta vez sobre el tablero me dejaré hasta el alma si hace falta.” dijo entre dientes.

Malva

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Malva

No podía evitar observarla con detenimiento cada vez que se cruzaban. Parecía una muñeca: ojos grandes y muy vivos para no perder detalle de lo que ocurría a su alrededor, cuerpo menudo, labios carnosos y una cabellera digna de cualquier spot publicitario.
Su audacia para ir a la moda y combinar colores, la felicidad que irradiaba, su sonrisa…para él cruzarse con ella era lo mejor que le pasaba día tras día. Más de una vez incluso pensó en seguirla…pero no quería que ella lo tomase por un loco.
Lo que más le llamaba la atención era el tono malva con el que ella pintaba su boquita de piñón, a juego con el tono de sus uñas…
Un lunes cualquiera se volvieron a cruzar. Ella caminaba junto con unas amigas. Charlaban alegremente. Reían. Transmitían felicidad y positivismo a todo aquél que se interponía en su camino.
Él no pudo evitar girar la cabeza al verlas. Sus ojos quedaron clavados en las uñas malvas y en el pintalabios…<> pensó el antes de encogerse de hombros y seguir caminando.

El libro de la cinta rosa

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Volvía a casa del trabajo después de un largo y agotador día. Pensaba en sus mullidas y confortables zapatillas de estar en casa de cuadros escoceses.
Bajaba del autobús cuando detuvo su mirada en el escaparate de la librería que había en frente de su casa y allí fue donde lo vió: un hermoso libro con una tapa de colores brillantes envuelto con un hermoso lazo rosa. Pero aquello no era todo: también en la portada aparecía una hermosa mujer de labios carnosos, ojos almendrados y muy menuda. No sabía de que, pero algo le decía que la conocía.
Entró nervioso a la librería y compro muy nervioso el libro. A pesar de la lluvia y de que le chorreaban los pantalones, el creía volar a toda velocidad hacia su casa. Ni siquiera los ladridos de Nerón lo devolvieron a la realidad.
Se sentó en la cocina, la ropa seca podía esperar, pero aquella mujer con el mismo rostro que una muñeca, no.
Conforme fue pasando las páginas de ese libro de repostería fue recordando sensaciones que no recordaba desde su infancia: el viento, el olor del mar, la brisa marina, las puestas de sol…y a ella. Solían jugar cuando eran pequeños, la casa de sus abuelos quedaba muy cerca de la suya. Pasaban las tardes jugando, peleandose y reconciliandose. Pero después de la larga y dolorosa enfermedad del abuelo, sus padres decidieron no volver a la costa y por eso el había olvidado lo bien que se sentía junto al mar.
Se preguntaba que habría pasado con la que había escrito el libro rosa: sería feliz?. El no se podía quejar…despues de tantos años de estudio, tenia un buen trabajo y bueno, estaba Nerón, su perro: un precioso pastor alemán muy dócil, pero se sentía muy sólo.
Por eso, decidió mover la ficha y ponerse en contacto con ella.
Al día siguiente, al volver del trabajo se encontró con que la chica de ojos almendrados iba a dar una charla en la misma librería donde él habia comprado su libro…
-el había movido las fichas
-el destino había jugado sus cartas…
Ahora tocaba saber cuales eran los movimientos que ella haría…
Que pasaría ahora?.